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En muchas ocasiones, si hemos contratado a un abogado vemos que también lleva aparejado un gasto que va al "Procurador de los tribunales".

Vamos a intentar explicaros los orígenes de esta figura representativa y las funciones que actualmente lleva a cabo. Antiguamente, en temas de trascendencia, abogados y clientes debían acudir a la capital de su provincia con el fin de reivindicar sus derechos como afectados. Los medios que existían en la antigüedad difieren bastante de los que actualmente existen, es por ello que se decidió crear la figura del procurador de los tribunales. El procurador era y es el nexo de unión entre los tribunales y los abogados y viceversa.

Las citaciones y de más gestiones el abogado las solicitaba al procurador y el procurador a su vez lo gestionaba a los tribunales. Habitualmente, en aquella época, los procuradores vivían en el mismo lugar donde se encontraba el juzgado así evitando en gran medida los continuos viajes de los abogados a los juzgados con el fin de realizar gestiones o recogerlas. Se trata de una representación. Si bien es cierto que puede parecer que en la actualidad no ejercen un papel demasiado significativo, se trata de todo lo contrario.

Técnicamente el procurador representa al cliente y actúa en su nombre en lo que a gestiones se refiere. El abogado y el procurador trabajan íntimamente para realizar una eficiente labor procesal. Esto significa evitar demoras y garante del cumplimiento de los plazos en lo que el procedimiento se refiere. En ciertos procedimientos importantes se hace indispensable de la presencia del procurador o de la firma. El Procurador es un licenciado en Derecho que se inscribe en el Colegio Oficial de Procuradores de los Tribunales.


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