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Las frutas secas o frutas deshidratadas no tienen nada que ver con los frutos secos. Los frutos secos, nacen así, secos, en cambio las frutas deshidratadas son aquellas frutas frescas que tras un proceso de deshidratación industrial o tradicional, han perdido todo el agua y quedan deshidratadas. Los frutos secos son una gran fuente de energía ya que proporcionan entre 500 y 600 calorías por cada 100 gramos; tienen alto contenido en proteínas y grasas insaturadas que pertenecen al grupo de grasas omega3, contienen además vitamina E, magnesio y potasio. En cambio, las frutas secas tienen las mismas vitaminas que las frescas contienen vitamina A, un 10 de azúcares y fibras, aunque son diferentes en su consistencia por estar deshidratadas. Las frutas secas ofrecen diversos beneficios nutricionales, ya que al secarse, se concentran al máximo sus elementos: proteínas, hidratos de carbono, vitaminas, sales minerales y fibra. La incorporación de la fruta seca a la dieta puede contribuir a aliviar problemas como la anemia, el estreñimiento o desórdenes  en la piel. La ventaja principal que poseen es que no requieren cocinarse, son fáciles de transportar y comer en cualquier momento y en cualquier lugar, además que están disponibles todo el año. Se pueden utilizar en ensaladas, en panecitos, en sopas, en postres, etc. Podemos dividir en dos categorías:

  • las frutas de vid (pasas, moscatel, etc.)
  • fruta seca de árbol que son los orejones (melocotones, peras, manzanas, etc). Hay otra subcategoría que incluye los higos, plátanos y dátiles.

Por eso, desde Blorgia os recomendamos que comáis fruta seca, notareis los beneficios.


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